Huracán María: Treinta y siete Semanas de Embarazo

(*La foto fue tomada el día antes de Huracán María azotar a Puerto Rico. 37 semanas de embarazo.*)

Pasar un huracán de tal magnitud y embarazada, es una de las situaciones mas estresante, peligrosa y triste por demás. Gracias a María nació JaeIn’s Mom.

19 de septiembre de 2017.

Traté de organizarme en todo lo posible y tener las cosas de JaeIn listas por que sabía que algo grande pasaría. Ese día mi esposo fue notificado a reportarse en su trabajo desde el medio día, me dió mucho miedo y mucho coraje, tenía que pasar el huracán sola en mi casa con mis dos perritas, para ese entonces, Pixie y Sasha. Da la casualidad, me llama la esposa de un compañero de trabajo de mi esposo, Neiza. Neiza me dió la noticia que se quedaría conmigo para hacerme compañía, ya que su esposo también fué notificado a quedarse en el trabajo, me sentí aliviada pero aún así el miedo tocaba mi puerta. Esa noche una compañera de trabajo de mi esposo llegó hasta mi casa para saber como estabamos, si estabamos preparadas y obviamente como yo estaba, literalmente estaba en mis últimas con mi embarazo. Una vez ella dice que se iría a su hogar se fué la luz. Entré en un poco de pánico pero entendía era parte de lo que ocurría pero ¡wow!, eran solo las nueve de la noche. Comencé a charlar con Neiza para distraer mi mente y dentro de eso, Neiza me dice: “Calmate, quedate tranquila, que no te dé con parir aquí.” Lo que ella no sabía era que en ese preciso momento me estaban dando “Braxton Hicks” (presiona el enlace para saber más)

Según la noche seguía mas fuertes eran los vientos pero aún el Huracán María no había llegado, perdimos señal en nuestros celulares y en parte entré en pánico, aún no eran ni las doce de la media noche y mi casa se había inundado, varias cosas de mi cuarto y las cositas del cuarto de JaeIn estaban casi sumergiendose en agua. Neiza y yo comenzamos a sacar agua con cubos, yo con un mapo, embarazada moví todo lo que pude del cuarto de JaeIn, como su gavetero, aún su cama cuna no estaba instalada pero todo estaba en su cuarto y se estaba mojando.

(* El cuarto de JaeIn llenándose de agua y basura por las ventanas cerradas.*)

20 de septiembre de 2017.

Era de madrugada, ya estaba cansada de sacar tanta agua que solo miré a Neiza y comencé a llorar, por un momento sentí que estaba perdiendo todas las pertenencias de JaeIn, las cuáles obtuvimos con muchos sacrificios y bendición de Dios. Recuerdo haberle dicho a Neiza: “Olvidalo, no puedo más me iré a dormir.” Solo logré dormir unas tres horas. No recuerdo que hora era pero los vientos eran otra cosa. Todas las ventanas y la puerta principal de mi hogar son en cristal, mi esposo y yo confiamos ya que “son de seguridad” cosa que descubrimos no era así. Mientras mas fuerte azotaba el viento, podía ver la puerta principal doblandose, yo solo le pedía a Dios que me ayudara a calmar mis nervios, que prefería se llenara la casa de agua pero que no explotara ni las ventanas ni la puerta principal de la casa. Mientras el huracán pasaba sentí la casa temblar varias veces, vi remolinos de vientos, sentía los Braxton Hicks aumentando poco a poco pero buscaba la calma. Tanto Neiza como yo estabamos con nuestras perras en la sala de mi hogar velando que la puerta no explotara y si algo pasaba pudieramos tomar acción rápidamente. Fue un día y una noche demasiado largas, no sabía de mis padres y mucho menos de mi esposo. Solo quedaba orar y respirar, tomar la calma, no podía darme el lujo de estresarme y dar a luz con tan poco tiempo pero siendo mamá primeriza que sabría yo de manejar mis emociones para no dar a luz. Mentalmente me preparé por si rompía fuente tener todo listo, creo que me ayudó el ver tantos vídeos en YT sobre partos en la casa.

21 de septiembre de 2017.

Eran las nueve de la mañana, quería salir de mi casa, ver como estaba todo, que había pasado en donde vivo y obviamente el hogar de mis padres, quería saber como estaban, quería saber como estaba mi esposo. No había luz, no habia comunicación. Al salir de mi hogar vi como a algunos de mis vecinos les había explotado puertas, ventanas, las mismas que tengo en mi hogar, le di gracias a Dios que no pasó nada fuerte en mi hogar. Salí en mi carro, vi como todo habia quedado destruido, nada de lo que había era como antes, el hogar donde crecí estaba lleno de escombros, mis padres estaban en otra casa y ellos estaban bién gracias a Dios.

Fuí hasta la casa de mi suegro ahí fue que coincidí con mi esposo, cuándo lo vi lo abracé como nunca, sentí que todos mis miedos habrían desaparecido.

Días después de María, la escasez de combustible, no tener comunicación, comida estaba controlada, el agua, fué desesperante. Estando embarazada hice filas interminables, madrugaba para poder conseguir algunos snacks, en la fila de combustible estuve unas cuatro horas. Esa misma semana mi esposo y yo fuimos para San Juan, buscando señal para comunicarnos con nuestros seres queridos fuera del país, nos metíamos en todos los bancos buscando dinero en efectivo, en fin, todo era un caos. El vivir en el sureste de Puerto Rico, lugar donde el Huracán María azotó con toda su fuerza nos empujaba a ir al área Metropolitana en busca de nuestras necesidades básicas. Con mucho miedo todo podía pasar.

Pasar por situaciones como estás, estando casi en lo último de mi embarazo fue desastrozo. Mala alimentación, muchas horas de pie, pasar días durmiendo en el piso de la sala y darme de tres a cuatro duchazos en la madrugada por no aguantar el calor gracias a las hormonas, dormir en la parte trasera de una camioneta (guagua) todo por sentir algo de frío por las noches, sentir miedo por la salubridad de los hospitales al momento del parto, como sería recibir en mi casa a mi hija sin energía eléctrica, mosquitos por doquier, son muchos los miedos que una mujer embarazada enfrenta ante un momento atmosférico.

(*Aquí pasé varias noches durante mi embarazo, se ve cómodo para quién no está embarazada, con el coxis fuera de lugar y el nervio ciático pillado.*)

Recibir a mi hija en estas condiciones era totalmente un reto, un reto en el cuál estaba rotundamente prohibido fallar.

Mirar lo negativo en algo positivo.

Cierto es que María hizo demasiado daño pero también nos unió como gente y a muchas mamitas primerizas como yo, nos obligó a confiar un nosotras y en nuestro instinto de mamá.

Hasta aquí mi experiencia, luego les contaré como fué mi parto a dos semanas del huracán, así que pendientes.

¡Gracias por leerme!

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